Jorge Glem, Cuatro cuerdas y cien dedos

“Muchacho deja estos tobos y las ollas en paz, porque mejor no agarras ese cuatro que está allí colgado llevando polvo”, le dijo un día su mamá. Jorge Glem, muy obediente lo tomó y experimentó melodías, ritmos suaves, recios y hasta percutivos desde que tenía unos seis años y sin cesar, ha llevado ese instrumento por distintos escenarios nacionales e internacionales.

 

Hace constantes referencias sobre sus padres, su Cumaná natal, y como ya no habla tan rápido como suelen hacerlo los sucrenses, su padre se queja de que no le entiende porque ahora habla caraqueño. “Hable rápido que no le entiendo nada”, le reclama su papá por mayor velocidad, cuenta Glem.

Fueron sus padres quienes comprendieron desde siempre que su vida sería la música. De allí que sus primeros profesores fueron Eberto Zapata y Alexander Mariña y también le dio por estudiar mandolina bajo la guía del maestro Ángel Luis Piñero.  Es arreglista y compositor de sus propios temas y ajenos también.

Para Glem el cuatro no es un sencillo instrumento folclórico, es ampliamente un instrumento universal. Lo demuestra en cada interpretación pues capaz de sacarle desde los sonidos más complicados de nuestra música criolla, como un pajarillo, una quirpa oun seis por derecho y llegar a interpretar cada uno de los tambores de mina de nuestras costas caribeñas. De allí que no sólo de las cuerdas sale el sonido, sino también de la madera.

Al preguntarle cuántas horas al día estudia el cuatro, mira al cielo, duda, parece que las contara, y al final dice naif, “la verdad no sé”. No se conforma con interpretar incluso temas de la música popular latinoamericana, sigue profundizando y llega al jazz y al rock con extrema facilidad.

“Me la pasaba rondando los pasillosSistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela visitando amigos, escuchando música y estudiando. Comencé entonces a preguntarme si podría con el cuatro tocar a los grandes, Mozart, Beethoven, Orff, Tchaicovsky, y la respuesta vino al tiempo. Sí”, comenta el músico.

 

Efecto cuatro

Glem tiene la dulzura de un niño, un niño de 1,80 de alto. Sus conciertos están llenos de anécdotas personales y de referencias de su trato con el cuatro. Narra las invenciones que hace para exprimirle el sonido a su instrumento y dice que es tan feliz por ser venezolano, porque sólo así, siempre tendrá un cuatro en sus manos.

Para su visita a Valencia trajo un efecto especial marca Boss que se usa para las guitarras pero que él se las ingenió para conectarlo a su cuatro. Este pedal le permite en vivo grabar fragmentos de su propia intervención y hacerlos repetir como un loop para luego seguir tocando sobre ese sonido. En pocos minutos, se siente como si el espectador estuviese presenciando un concierto de unos diez cuatros simultáneos, aunque sobre las tablas sólo está inmenso, Glem.

“No estoy de acuerdo con el concepto que muchos repiten sobre apoyar la música venezolana, no se trata de apoyar, que es casi peyorativo, se debe disfrutar, valorar y respetar como al arte mismo”, enfatiza al reconocer que el  cuatro es mucho más que un instrumento para acompañar, pues como solista representa un patrimonio hermoso.

La mayor parte del concierto, toca con los ojos cerrados, la expresión de éxtasis y los dedos veloces. Recorre desde el primer traste hasta el último como un paseo casi etéreo, crea acordes y escalas propias de los instrumentos de cuerdas clásicos. Todo esto parece que no le supone mayor esfuerzo, pero se sabe que no debe despegarse del cuatro para lograr las sonoridades que  ofrece. 

 

Si lo que quiere es tocar

“Lo que quiero es tocar este instrumento maravilloso”, asegura. Siendo tan joven ya ha participado en unas 40 producciones entre solistas y con grupos, difícil de calcular el número de conciertos y presentaciones, clases magistrales y guatacas incluyendo las que promueve el músico Aquiles Báez. Su primer disco solista se llama Cuatro Sentido (2005) producido por la Universidad de Oriente.

Se traslada para la capital y el año 2004 logra el primer lugar, “Mejor Cuatrista -Mejor Agrupación Musical”, en el Festival de Música Llanera El Silbón de Oro” y el segundo lugar en el I Concurso Internacional La Siembra del Cuatro; en la edición del año siguiente gana el primer lugar de afinación tradicional.

En 2005, bajo el título Jorge Glem. Cuatro sentido, ofrece su primera producción musical como cuatrista solista y en 2009 lanza su segundo disco como solista auspiciado por el Concurso Internacional La Siembra del Cuatro. Como invitado, ha participado en más de 40 producciones con agrupaciones y músicos como Guaco, Ensamble Gurrufío, Cuarteto de Clarinetes de Caracas, Ofelia del Rosal, Ed Simon, Gerardo Rosales, Christian Nieves, Alberto Cheché Requena, Alexis Cárdenas y Aquiles Báez.

En 2008, participó en el 2do Cuatro Encuentro en el Conservatorio de Música de Puerto Rico, en San Juan, junto a Edwin Colón Zayas e hizo un concierto de cuatro puertorriqueño y cuatro venezolano con Christian Nieves. Es integrante de C4 Trío; Saúl Vera y su Ensamble; Ensamble de la Radio Nacional de Venezuela; César Orozco y su Kamarata Jazz;  Marco Granados; enCayapa; Alexis Cárdenas y Trío Fusiones.

Otros destacados músicos e importantes agrupaciones lo han llamado para que les acompañe tal es el caso de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, Ensamble Gurrufío, Serenata Guayanesa y El Cuarteto. También ha acompañado a prestigiosos músicos y cantantes, tales como Cheo Hurtado, Aldemaro Romero, Leo Blanco, Huáscar Barradas, Alirio Díaz, Saúl Vera, Ruperto Tico Páez, Toñito Naranjo, Alberto Cheché Requena, Jaime Martínez, María Rodríguez, Hernán Marín, Rafael el Pollo Brito y Lilia Vera, entre muchos más.

Ha representado a Venezuela en festivales internacionales en Estados Unidos, Guatemala, Colombia, Puerto Rico, Uruguay, Austria y Alemania y recientemente en Hong Kong.En 2011 participo en la apertura de los premios “Grammy Latinos” junto con Calle 13 y la orquesta Sinfónica Simón Bolívar bajo la dirección del maestro Gustavo Dudamel.

 

 Carolina Marín Guevara

 

 

 

Douglas Conde con su guitarra solista

El guitarrista Douglas Conde ofreció un concierto pedagógico en Artmónico Estudios Musicales el pasado 3 de octubre. En el marco de la presentación de su primera producción musical, El Hijo del Gato, Conde compartió su experiencia como intérprete de guitarra solista y que a la vez, es acompañante en el aspecto melódico en la música. Explica el compositor, que con sus estudios de la guitarra clásica se dio cuenta de que este instrumento se hace popular como acompañante, en bandas, orquestaciones, pero que en realidad como solista, el ejecutante es capaz de llenar de sonoridades un auditorio completo.

 

Rubén Alvarado

Cuando canto me inspiro y siento que el cuerpo se me mueve

Cantor, músico y soñador reconocido con el premio “Yo canto como tío Simón”. Siempre lleva su cuatro “tercíao”, un sombrero llanero que protege sus sueños infinitos, unos ojotes que hablan titilando como luceros mañaneros y el abrazo seguro de sus inocentes nueve años. Rubén Alvarado ama la música de nuestros llanos, esa que habla de las vacas, de los ríos, de los caballos, de la vida buena del campesino.

Desde que nació en Valencia, lo recibió un hogar lleno de querencias, artesanías y música. A la familia Alvarado es común verla en cambote, grupo, bloque, unidos siempre. José Pantaleón el padre, nacido en Portuguesa en un pueblo llamado el Playón, es percusionista de salsa brava y aprendió a trabajar el cuero cuando a los 20 años cayó preso. Confecciona cinturones, carteras, alpargatas, brazaletes y gracias a este oficio y a su vida nueva y sana,ha levantado a su familia.

Ruthes la mamá que impulsa incansable el talento de su hogar, también canta en la iglesia y acompaña en la percusión a sus hijos en reuniones familiares. Además Rubén tiene dos hermanas que también llevan sus instrumentos por doquier. Carla de 15 años, estudiante de guitarra y arpa y Keylacon su mandolina. 

“Yo canto desde los cuatro años música llanera. Como mis padres eran salseros, yo decidí elegir la música del llano, porque es la que más me inspira”, asegura Rubén con una certeza inquebrantable para después afirmar, “esto es lo que haré toda mi vida”. 

La música del compositor apureño, Jorge Guerrero fue el punto de partida para este niño. Lo admira tanto como a Simón Díaz y dice que cuando sea grande quiere ser como ellos, pero también “quiero ser como yo mismo, con mis canciones y la música que me sale del corazón, ya llevo 8 canciones escritas y compuestas y las quiero grabar en lo que mis padres puedan”. La primera canción que cantó fue La Vaca Mariposa de tío Simón y después “empecé a cantar y cantar y aprendí más”.  

“Cuando canto siento inspiración, siento que el cuerpo se me mueve, me brinca el corazón”, comenta este joven músico. Asegura que le agrada cuando las personasle aplauden, aunque a veces también nota cuando no les gusta. 

 “Como vive Dios, vive el llano y también vive el llanero, así mismo vivo yo defendiendo con el canto, el llano que tanto quiero”, escribió Rubén en su cuaderno cuadriculado, con su letra de camino de hormigas y excelente ortografía.

 “Aquí está Rubén portando la vestimenta de un auténtico llanero, aunque por mi corta edad, en Valencia me dijeron, muchacho por qué usted viste de alpargata y de sombrero”, así se presenta cada vez que participa en un recital, concierto o en un concurso. ¿Qué hace un llanero en la ciudad, Rubén?, increpo, él se sonríe y dice, “añorar el llano”.

El cuatro se lo regaló su papá cuando tenía 4 años pero lo comenzó a tocar a los 6, y fue natural sacarle notas al instrumento. Ahora quiere aprender a tocar arpa y maracas. “Yo le dije a mi papá yo quiero tocar cuatro y cantar. He estado estudiando el instrumento desde mi escuela Lisandro Alvarado y ahora con el profesor Alí Cruz en el proyecto Alma Llanera en el Sistema de Orquestas desde hace dos años. 

Lo malo de vivir en la ciudad, dice Rubén, es que los niños escuchan ballenato del malo, regetón y no conocen la vida del llano o de otras culturas del país. Lo bueno de la música llanera es conocer la sabana, refiere el niño, enumera también los animales que viven en las espesuras del llano y en sus ríos. “Yo le diría a los niños que hagan música porque si no se van a poner mal, si uno hace cosas buenas, Dios también te las da”, asegura convencido el cantor. 

En primera persona

Le doy gracias a Dios que me dio este talento, a toda mi familia que me apoya y todas las personas que me impulsan, me quieren y creen en lo que hago. 

Una vez le canté a Jorge Guerrero, uno de mis inspiradores,una canción que le escribí, yo lo admiro. Cuando terminé de cantar, él me abrazó y estaba llorando. Yo lo abracé, le di la mano y me fui. Eso fue lo más emocionante que me hapasado. Y también cuando me aceptaron en el núcleo del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela, hace dos años. Allí estudio cuatro, teoría de la música y canto. Un día fuimos a comprar unas cuerdas para el cuatro y me dijeron que cantara, entonces de una vez entoné Caballo Viejo, del tío Simón. Salieron los profesores de la academia Artmónico Estudios Musicales, y me becaron. Yo creo que se les erizaron los sentidos de todos. 

Yo voy a ser cantante de música llanera para siempre, porque ese es el talento que me dio Dios y siempre voy a apoyar a mis padres porque ellos son los que siempre me han guiado. 

En estos días gané el primer lugar del concurso y Festival, Yo canto como tío Simón, yo sabía que iba a ganar porque canté con emoción el tema Linda Barinasde Eladio Tarife y lo hice bien y me acompañaron grandes músicos. Había otros 14 niños de Valencia en este certamen que organizó la Alcaldía en el Teatro Municipal. Mis amigos y compañeros del colegio me felicitan y se sienten bien cada vez que gano un concurso y llevo los diplomas y medallas que me dan cuando canto. Me dicen “que bello cantas” y mis profesores también. Lo más importante es que me digan Dios te bendiga, Rubén, ahí yo me pongo feliz. 

 

Carolina Marín

Fotos: Carolina Marín

 

 

 

Johhan Hernández: La música es el legado, el camino, la huella

El artista se está dejando encerrar por las circunstancias históricas

“Será que habrá paz, será. Si las millones de balas se molestan y se engatillan, si los tanques se oxidan, si las bombas se enamoran en sus cuevas,si los lanzallamas se suicidan en el mar… Será que habrá paz, será.  Si el petróleo se disfraza de pantano, si los televisores se cansan de nosotros y Dios termina de aparecer. Será que habrá paz, será”. Se pregunta y nos cuestiona incesante, Johhan Hernández.

Nacido de músicos, su madre Selena Castillo, cantora, apasionada, educadora, fuerte; su padre, William Hernández, educador, sereno, músico, inspirador. Desde luego, Johhan Hernández eligió  el canto, la música, la poesía, la docencia y la lucha como su camino, su tránsito hacia la utopía de transformar el mundo en un espacio mejor.

El cuatro es su primer instrumento, y rápidamente,  guitarra, mandolina, charango, percusión, algo de teclado, todos los que sean necesarios para acompañar su voz. La palabra cantada que matiza, suave y tenaz, dulce y apasionada. Le interesa comunicar, mover o remover emociones a través de sus letras, inspirar, hacer lo que su canto inquieto y soñador propone.

“Como cantautor quiero despertar, pellizcar el corazón y la mente, sembrar una inquietud, una curiosidad, una reflexión. Que el resto, como en la literatura, sea la música que se encargue”, dice Hernández a la vez que toma su guitarra y comparte una reciente composición que escribió en la última página, la que estaba en blanco del libro Hojas de hierba de Walt Whitman.

Fuerza Natural es su agrupación musical, Hernández prefiere decir que es de creación colectiva de sus integrantes. El proceso de consolidar la idea, la letra imbricarla con la música  y la voz para este cantautor puede ser de un instante de inspiración en el que todo fluye o en un proceso de parto, en el que se gesta, se nutre y nace la canción.

Se plantea como meta con Fuerza Natural consolidar su primera producción discográfica. Mientras ya ha avanzado en este camino. Acaba de grabar un concierto íntimo como productor independiente y la colaboración de importantes talentos de la ciudad. Le acompañan en la banda, jóvenes músicos que incluso, algunos fueron sus estudiantes y otros con más experiencia. Esta fusión de conocimientos genera frescura, renovación y entusiasmo. “La pureza, busco la pureza que es una necesidad también. La perfección musical no radica en la fórmula perfecta de hacer los acordes o la melodía, sino en proyectar el fondo de las cosas, conectarse más allá de la mente, apartar los egos”. 

Fuerza Natural es sobre todo una propuesta de cantautor que encuentra en la fusión entre el rock y otros géneros, un sonido propio y nuevo. “Para mi este trabajo musical es el legado, el camino, la huella que vamos dejando ante la necesidad de aportar, y creo que, desde ese ángulo uno puede con la acción y la canción, ser coherente entre lo que se hace y se canta”, reflexiona.

El arte es la mejor herramienta para construir un mundo nuevo, no le cabe ninguna duda a Hernández. Asegura que Fuerza Natural es su espacio artístico para dejar huella. Música y letra se han ido desarrollado “en la inquietud por intentar definir una propuesta, un sonido que hasta ahora es bastante romántico, utópico, natural, trata de no ser muy adornado con los timbres, sino en la naturaleza de la cuerda, intento que el sonido esté conectado más a la piel que al aparato. En mi guitarra no uso efectos, intento que el sonido sea el resultado de la energía, de la dinámica”. 

Las letras de las canciones de Hernández son tan rebeldes, inquietas, románticas como él mismo. “Trato de ser muy honesto, para escribir soy un poco soñador, busco el lado mágico a las cosas, sin apartarme de lo real, de lo concreto, sin perder de vista la necesidad de que la gente despierte con lo que estoy diciendo”.

La creación musical la vincula con otra de sus vocaciones, la de enseñar. “Creo  vínculos y puentes y asumíser canal para el conocimiento, con la conciencia verdadera, ahora lo pienso así.

Sonido, imagen y color

Le apasiona la imagen, el color, las texturas y dimensiones. De allí que su necesidad de expresarse abarque incluso el formato audiovisual. Vinculado siempre o casi siempre con la música, desde la investigación documental de las manifestaciones culturales como La Cruz de Mayo, mitos y leyendas del imaginario popular, y las “balanceadas” Panelas de San Joaquín, todos han sido documentados a través del lente de su cámara. Incluso, éste último, recibió una mención de honor del Festival de Cine Comunitario e Independiente, Aragua-Carabobo (Araca), 2014. 

Está produciendo la música, el canto y el cuento de varios cultores populares del estado Carabobo, entre ellos, a Nítida Guevara, quien pronto difundirá su obra musical y de tradición oral. Así mismo, Hernández ha compuesto música para cine y teatro. La música original para dos obras del dramaturgo, actor y bailarín, William Delgado, El Shamán y PandónKáPiá (cuentos del cielo ancestral), la primera que ya cumplió cinco años y ha recorrido todo el país, y la segunda recién celebra su primer año y también girará por el territorio.

Arte, artistas y creación

“El artista se está dejando o nos estamos dejando encerrar por las circunstancias históricas, por la diatriba política, nos dejamos atrapar en conceptos y en fórmulas, pienso que los artistas necesitamos deslastrarnos de lo que aparenta el momento, debemos pararnos por encima, tenemos la obligación de crear”, enfatiza el cantautor. 

Para este creador, el arte es el mundo ideal, por lo tanto “no podemos someternos al mundo que existe”. Asegura que el artista, sumergido en la diatriba de las reivindicaciones, en un poder popular que es más una entelequia que una realidad concreta yhaciéndonos eco de la demagogia de la política cultural o en la política social, no hace arte. El arte es el resultado de la creación, afirma. “Los artistas estamos atrapados y no hemos entendido el empoderamiento, al conocer el poder extraordinario que tiene el artista, nos daremos cuenta de lo estúpidos que hemos sido. El camino del artista es transformar, abrir camino, no estar anclados en criterios o fórmulas. La organización es el camino para no hacernos eco de lo politiquero, o de lo que es transitorio, pero sí comprometidos ideológicamente con este camino que estamos transformando desde el ideal revolucionario, por el que daríamos hasta la vida. 

“De hecho me atrevo a decir que parte de lo que nos sucede, es que asumen como artistas muchos que no lo son por posición humana. El arte es producto del estudio. Hay personas que tienen cualidades, potencialidades, pero eso no lo hace artista. El artista es el resultado del trabajo y de la comprensión, es inspirar, motorizar, transformar”. Se pregunta además, dónde está la propuesta de la nueva era musical en Venezuela, sin duda, estamos en ese camino, finaliza.

En primera persona

Soy un soñador, un inquieto y también un preocupado, un justiciero. Ando por la vida buscando. Las cosas que hago de alguna manera terminan sirviendo o moviéndose hacia esa dirección. Trato de que las personas se inspiren hacia la justicia, igualdad, amor hacia la construcción de un nuevo mundo, más elevado más natural. La fuerza natural es la bondad.  Yo ando honrando las enseñanzas de mis padres, soy el resultado de la transmutación de cada uno de ellos al mismo tiempo, soy quizá la conjunción de los dos y lo que al mismo tiempo ninguno de los dos quiso ser. Estoy  preparando la herencia a mi hija,  Salma Alena,  me siento un soldado de ella. Un día escribí para ella y fue una revelación,  yo vine a ser una plataforma para que ella cumpla la misión que le toca aquí en este tránsito. Yo soy, su color y su aliciente, así mismo, intento honrar su existencia.

 

 

Carolina Marín

Fotos: Carolina Marín y William Delgado

 

 

 

  • 1